EFE/David Fernández

El agua, uno de los recursos naturales renovables indispensable para la vida

8 enero 2016.-

Los recursos hídricos globales son limitados y están mal repartidos; así, mientras en algunas zonas el agua se derrocha, en otras la sed mata o provoca tensiones entre países.

748 millones de personas privadas de agua

Su gestión deficiente, la escasez de recursos y los cambios medioambientales hace que 748 millones de personas vivan privadas de agua en el mundo y más de la mitad de la población no dispone de un sistema de saneamiento básico, según el último informe de la UNESCO publicado en marzo de 2015.

Además, ese mapa de la escasez de agua coincide en buena parte con las áreas más pobres del mundo.

Las primeras víctimas de esta situación son, según la UNESCO, los pobres, las poblaciones marginadas y las mujeres, y, por zonas, la mayoría de los países con problemas de escasez de agua se encuentran en África del Norte, África Subsahariana, y Oriente Medio.

América Latina, a pesar de que posee grandes cantidades de este recurso, los grandes ríos Paraná, Paraguay, Pilcomayo y parte del Amazonas sufren los efectos de la contaminación, por lo que el acceso al agua es dispar entre las regiones. América del Sur dispone del 26% del agua y tiene el seis por ciento de la población.

Otra región del mundo con déficit de agua es Asia, con el 60% de la población y el 36% de este recurso, con la excepción de Japón.

En países como la India, China, Bangladesh, Nepal, Laos y Vietnam la gestión deficiente y la contaminación hacen que el suministro de este recurso sea reducido y de baja calidad.

Derroche frente a escasez

Por el contrario, Europa, Canadá y Estados Unidos cuentan con los mayores y mejores servicios sanitarios de agua potable.

Un ciudadano europeo, por ejemplo, consume unos 300 litros de agua diarios, pero de ellos sólo utiliza 40 para consumo, el resto se pierde por las tuberías, en cambio en los países del Sur del Sáhara las familias apenas disponen de 20 litros diarios de agua.

En el último siglo el consumo de agua se multiplicó por seis, mientras que la población se triplicó, y según el informe de la ONU, se prevé que la demandan mundial de agua aumente un 55% en 2050.

El fenómeno de la desertización

Carencia de agua, aumento de población, regadíos intensivos y escasez de precipitación lleva además al deterioro del suelo y a la desertización, que se definió en la Conferencia de Nairobi en 1977 como la «pérdida de potencial biológico de la Tierra».

En el mundo hay más de cien países en condiciones de aridez y semiaridez. África es el continente más dañado; le siguen Asia, América Latina y el Caribe, y del sur de Europa, España en particular.

La desertización amenaza al 33% de la superficie terrestre y castiga a más de 200 millones de personas; provoca pérdidas en las economías y amenaza con dejar sin tierras cultivables a 1.000 millones de personas.

El aumento de la población y el desarrollo de las economías hace que el control por este recurso indispensable, escaso y que no conoce fronteras, provoque tensiones entre países.

En el mundo árabe, por ejemplo, destaca la rivalidad por el dominio del agua del caudaloso río Nilo, que cruza ocho países antes de llegar a Egipto; el Éufrates que nace en Turquía y pasa por Siria e Irak, y el bíblico Jordán que junto con su afluente, el Yarmuk, comparten Siria, Líbano, Jordania e Israel.

El último informe de la UNESCO, «Agua para un mundo sostenible», publicado en marzo de 2015, advierte de que si todo sigue como hasta ahora, el planeta deberá hacer frente a un déficit global de agua del 40% hasta 2030.

Por eso, «es preciso equilibrar la demanda y el abastecimiento», de los recursos hídricos, que son limitados, recomienda el informe.

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